El estrés, los conflictos, la rutina, los cambios en la salud y los horarios incompatibles pueden afectar negativamente la intimidad. Empiece por considerar la distancia como una fuente de información, en lugar de interpretarla como una prueba de que la relación ha fracasado.
Indica la distancia sin culpar a nadie.
Prueba a decir «Echo de menos sentirnos más cercanos» en lugar de «Nunca quieres estar conmigo». Describe el cambio, explica cómo te afecta y pregunta a tu pareja cómo lo vive ella. El primer objetivo es comprenderse, no tener relaciones sexuales de inmediato.
Restablecer el afecto sin condiciones.
Tómense de las manos, abracen, siéntense juntos o ofrézcanse un masaje sin esperar que esto conduzca a algo más. Cuando cada contacto físico implica una presión, las personas a menudo evitan el contacto físico por completo.
Dedique tiempo a prestar atención.
La intimidad no se compadece bien con las interrupciones constantes. Organicen una comida sin teléfonos, un paseo o veinte minutos de relajación antes de dormir, durante los cuales ninguno de los dos realice varias tareas a la vez. La constancia es más importante que crear el ambiente perfecto.
Introduce una pequeña novedad.
Cambien la rutina de sus citas, compartan fantasías, turnense para planificar una velada o vuelvan a visitar un lugar que tenga un significado especial en sus inicios como pareja. Las nuevas experiencias pueden ayudar a que se redescubran como pareja.
Hablen sobre el deseo fuera del dormitorio.
Pregunte a cada persona qué le ayuda a sentirse atractiva, relajada y receptiva. Hablen sobre los límites y los cambios, pero sin interpretar las preferencias como críticas. Si hay dolor, se requiere medicación, existe un trauma o un conflicto persistente, un profesional cualificado o un terapeuta de parejas pueden ayudar.
La intimidad resurge cuando la conexión deja de sentirse como una prueba.
Observemos los avances que van más allá de la frecuencia: una mayor facilidad para expresar afecto, conversaciones más cálidas, una curiosidad más activa y la capacidad de decir sí o no con sinceridad son señales significativas.
Indica la distancia sin señalar a un villano.
Comienza por expresar lo que echas de menos y lo que esperas reconstruir. La frase «Echo de menos sentirnos cerca y quiero que encontremos la manera de volver a estarlo» invita a la colaboración. La frase «Ya no me quieres» exige una explicación antes de que la conversación haya comenzado.
Elija un momento adecuado. No comience la conversación inmediatamente después de un rechazo o durante una discusión sobre otro tema. La intimidad requiere una conversación en la que ninguna de las dos personas se sienta obligada a ofrecer consuelo o contacto físico.
No te limites al dormitorio.
El deseo se ve afectado por el resto de la relación. Los resentimientos no resueltos, la distribución desigual de las tareas del hogar, la falta de intimidad, el agotamiento y la sensación de ser ignorado emocionalmente pueden dificultar la cercanía. Pregúntense qué les está quitando energía actualmente y qué les ayuda a sentirse disponibles.
Esto no significa que todos los problemas prácticos deban resolverse antes. Significa que el problema debe reconocerse en lugar de tratar la falta de deseo como un defecto personal inexplicable.
Recupere el contacto sin que haya cláusulas ocultas en el contrato.
El afecto se convierte en algo estresante cuando se espera que cada abrazo conduzca a algo más. Recuperen el contacto físico que puede ser satisfactorio por sí mismo: tomarse de las manos, sentarse cerca, un masaje en el hombro o un beso largo, sin esperar nada a cambio. Dejen claro que detenerse en ese punto está permitido.
Cuando el contacto físico vuelve a ser seguro, la curiosidad tiene espacio para resurgir. Si cada gesto de cariño se siente como una prueba, la tendencia a evitarlo suele aumentar.
Realice un programa de recuperación de cuatro semanas.
- Primera semana: tener una conversación sincera y reducir las acusaciones.
- Semana dos: reserva dos períodos cortos de tiempo en los que puedas concentrarte sin distracciones.
- Semana tres: incorporar el contacto físico afectuoso sin esperar ningún resultado en particular.
- Semana cuatro: analicen qué aspectos resultaron más fáciles y en cuáles todavía hay que trabajar.
No se trata de establecer una fecha límite para el deseo. Es una forma de generar pequeños cambios que se puedan observar, en lugar de esperar una única noche romántica perfecta para solucionar todos los problemas.
Sepa cuándo el problema requiere más atención o recursos.
El dolor persistente, los cambios bruscos en el deseo sexual, la depresión, los efectos de los medicamentos o los antecedentes de traumas requieren la atención de un profesional cualificado. La terapia de pareja puede ser útil cuando todos los intentos de diálogo desembocan en el mismo conflicto. Buscar ayuda no es reconocer que la relación ha fracasado. Es una decisión de dejar de repetir un patrón que ninguna de las dos personas puede resolver por sí sola.
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