A muchos adultos les gusta la idea de hablar de forma explícita, pero se bloquean cuando lo intentan. El problema no suele ser la falta de vocabulario, sino la presión por sonar de forma inusualmente atrevida. Empiecen utilizando un tono más cercano a su forma de hablar habitual y dejen que el lenguaje se vuelva más intenso solo cuando ambas personas reaccionen de forma positiva.
Comienza por lo que ya es cierto.
Expresa lo que observas, lo que te gustaría que hubiera más o cómo te hace sentir el momento. Las observaciones breves son más fáciles de creer que las descripciones elaboradas. Un cumplido sobre una reacción, una expresión o la forma en que alguien se mueve le brinda a tu pareja un apoyo útil.
Pregunta qué idioma te resulta más cómodo.
Las personas tienen diferentes límites en cuanto a los nombres, las descripciones y el tono que se utilizan. Tengan esta conversación en un momento que no sea íntimo: pregunten qué palabras les parecen estimulantes, cuáles les parecen neutras y cuáles nunca deberían utilizarse. El consentimiento elimina la necesidad de adivinar, sin eliminar la espontaneidad.
La confianza natural surge de la interacción con otra persona, no de la interpretación de una escena memorizada.
Siga estas tres instrucciones sencillas.
Puedes describir lo que observas, expresar lo que te gusta o sugerir lo que te gustaría que ocurriera a continuación. Estas tres indicaciones permiten crear variedad sin convertir el momento en un discurso. Haz pausas frecuentes para escuchar a la otra persona y seguir su ritmo.
Deja que el tono haga parte del trabajo.
Una frase conocida puede generar una sensación de cercanía cuando se pronuncia de forma más pausada, en un tono más suave y manteniendo el contacto visual. En línea, la puntuación, el ritmo y un mensaje de voz pueden lograr el mismo efecto. No es necesario usar más palabras para crear una mayor tensión.
Superar un momento embarazoso.
Si una frase no funciona bien, no la defiendas. Sonríe, sigue adelante y pasa a otra cosa. Las parejas fortalecen su relación descubriendo qué funciona para ambos. Una pequeña risa puede hacer que la conversación sea más agradable en lugar de arruinarla.
Mantenga el consentimiento vigente.
Las reacciones positivas te animan a seguir adelante; la vacilación te indica que debes reducir la velocidad. Nunca utilices un lenguaje íntimo para presionar a alguien a que haga algo. La comunicación más atractiva deja espacio para que ambas personas elijan el ritmo.
Comienza por analizar la situación actual.
La forma más sencilla de comunicarse es a través de la observación. Expresa lo que te gusta, lo que notas o lo que deseas. De este modo, las palabras se mantienen conectadas con un momento compartido, en lugar de obligar a cada persona a adoptar un comportamiento poco natural.
Las frases cortas suelen sonar más naturales que los discursos elaborados. Frases como «Me gusta oírte decir eso», «acércate» o «dime lo que quieres» pueden transmitir más intensidad que un párrafo tomado de otra fuente.
Busquen el vocabulario que les guste a los dos.
Las palabras que excitan a una persona pueden resultar frías, divertidas o incómodas para otra. Hablen, fuera del momento íntimo, sobre el lenguaje que se considera aceptable, el lenguaje que genera incertidumbre y el lenguaje que está prohibido. Pueden hacer que esta conversación sea más amena intercambiando ejemplos en lugar de presentar un cuestionario formal.
No dé por sentado que una palabra es aceptable solo porque apareció en material pornográfico o en una relación anterior. El lenguaje que utilizamos en común pertenece a las personas que lo emplean en la actualidad.
Utilice la respuesta como guía.
Una buena conversación íntima no es un monólogo. Presta atención a una respuesta entusiasta, una petición, una frase repetida o un tono más cálido. Si la otra persona se queda en silencio, asegúrate de que está bien. Preguntar: "¿Te gusta?", no es una interrupción cuando la respuesta es importante.
En el caso de los mensajes, reserve espacio para indicar la hora.
Antes de enviar mensajes de contenido explícito, asegúrate de que la otra persona se encuentre en un lugar privado y esté dispuesta a mantener ese tipo de conversación. Un simple aviso puede evitar que abra el mensaje en el trabajo o en presencia de familiares. No envíes fotografías íntimas sin el consentimiento explícito de la otra persona y nunca consideres que una imagen recibida implica permiso para guardarla, grabarla o compartirla.
Cuando las palabras suenan forzadas.
Reírse no siempre arruina el ambiente. A veces, ayuda a liberar la tensión y permite que ambas personas empiecen de nuevo. Expresen lo que les pareció extraño, utilicen un lenguaje más sencillo y continúen solo si ambas personas lo desean. La confianza no es la ausencia de momentos incómodos, sino la capacidad de superarlos sin culpar a nadie.
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